MIRADA HACIA EL PORVENIR
MIRADA
HACIA EL PORVENIR
En
los primeros tiempos de la emigración gallega a América, la solidaridad de los
gallegos emigrados se reflejó en las organizaciones mutualistas, que ayudaron
mucho a lo largo de tantos años a quien necesitaba apoyos y atenciones
asistenciales, bien por las situaciones familiares o por las coyunturas económicas
bien por los quebrantos de salud. Formas de ayuda y de fraternidad surgidos y
asentados en el origen común, propiciaron ese afloramiento de instituciones
sanitarias y benéficas propias, que alcanzaron niveles de alto prestigio y que,
aún hoy, renovadas en instalaciones y medios, dotadas de las tecnologías
actuales, prestan destacados servicios a nuestras comunidades y a la sociedad en
general.
No
hace tanto tiempo que, atentos a la inevitable evolución social y a los cambios
de población, personalidades y dirigentes de comunidades y de centros, con
mucha sensibilidad hacia el futuro, plantearon el interés por lograr la
construcción de un centro de enseñanza que, ajustado a la regulación oficial
de los estudios, pudiera acoger a los jóvenes descendientes de los gallegos
para que siguieran en él la enseñanza precisa en su formación, de conformidad
con los grados y ciclos educativos establecidos y vigentes.
Ahora,
cuando empieza el primer ciclo en el Instituto Santiago Apóstol y ya es
realidad el proyecto tan soñado como deseado, me siento en la obligación,
siempre alegre y gozosa, de evocar cada uno de los esfuerzos que cada uno de
nuestros antepasados han hecho en favor del mantenimiento de una identidad y de
la relación entre nuestras gentes emigradas, siempre sin menoscabo de una
adaptabilidad positiva hacia la generalidad social y sintiendo habitual y
permanentemente la responsabilidad y el deber de engrandecer a la nación que
los acogió y de la que son, por si mismos y por sus descendencias, por los
fuertes vínculos humanos, ciudadanos eficaces.
El
hecho de esta obra y el mismo comienzo de su funcionamiento sugiere la
destacable novedad de mirar hacia el porvenir. Varias y buenas son las razones
para esa estima. Una y no pequeña, es que supone un servir a la juventud en el
campo más importante para ella, el de la formación. Otra, también
sobresaliente, la tangible prueba de que ese instituto permanecerá como señal
indeleble de una solidaridad proyectada hacia el mañana por parte de los
gallegos. Y quizá, aún convenga subrayar la calidad de ejemplo a seguir por
otras numerosas y activas comunidades de gallegos en el exterior.
Yo
quiero enviarles un mensaje a todos los chicos que en la aulas del nuevo centro
empezarán y seguirán los estudios. Se trata de un pensamiento tan simple como
sincero: que recuerden siempre lo que hicieron por ellos y para ellos muchas
mujeres y muchos hombres gallegos de sus mismas estirpes y familias o no, que
supieron y quisieron luchar para proporcionarles mejores medios para un
desarrollo personal y profesional, para que tuvieran muchas más oportunidades
de las que muchos tuvieron y, sin escatimar sacrificios, para que supieran
alcanzar una mayor cultura y ser gente de bien.
La
puesta en marcha del centro constituye un honor para los gallegos de Buenos
Aires, nacidos en Galicia o nacidos en esa capital de la querida Argentina, pero
es también causa de vanagloria para todos los gallegos emigrados y para la
misma Galicia. Complacencia para todos nosotros, los que compartimos un mismo
sentir y sin alejar a nadie de nuestras inquietudes por el bienestar y por el
buen hacer de los gallegos, cualquiera que sea el lugar en el que se encuentren,
dando testimonio de una galleguidad abierta y universal.
FERNANDO
AMARELLO DE CASTRO
Secretario
General para las Relaciones con
las
Comunidades Gallegas de la Xunta de Galicia
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